La Esencia La situación era difusa. Lo que buscaba —esa pieza jamás hallada del rompecabezas— seguía sin aparecer. Recordaba que alguien le había dicho que, cuando estuviera frente a sus ojos, lo sabría. El rompecabezas no era tal, sino una metáfora. Pero todas las ideas, desde el subconsciente para adentro, tendían a ser reales. El imaginario se volvía posible y, por otro lado, el mundo físico y cotidiano, visto desde esa perspectiva fantástica, se hacía soso e insípido, poco sustancial; no lograba dar esa sazón que poseía la interioridad. La auténtica realidad. Pese a que él o ella prescindía de las cosas habituales, como la comida o el agua, tenía carencias internas. Era aventurero, o aventurera: se podía decir que buscaba esa pieza faltante como meta para autocompletarse. Sin embargo, tan diferentes eran esas piezas del rompecabezas que la sola idea de encontrar una no era suficiente. Como le había dicho «la voz»: se necesita de más que un deseo para hallarlas. La voz...
Enigmas, relatos, imaginaciones...